Si hay una parte del cuerpo humano que me fascina aun más que la flora intestinal, es el cerebro. En especial me intriga cómo mantener la neuroplasticidad, es decir, la agilidad mental o destreza cerebral. Este interés se lo debo a un accidente que tuve hace mucho tiempo.

 

Cuando tenía 20 años sufrí un accidente cerebrovascular del que salí casi intacta. Afortunadamente para mi, los síntomas sólo duraron unos meses. Durante ese tiempo de incertidumbre, mientras no se sabía lo que me había causado ese accidente, investigué mucho más a fondo sobre las funciones del cerebro.

 

En realidad a lo único que tenía acceso en ese entonces era a los libros de medicina de mi papá. Eran los únicos libros que teníamos en casa relacionados con el cerebro, así que durante mi convalecencia me dediqué a aprender sobre diferentes enfermedades.

 

Unos años más tarde, mi gusto por aprender sobre las maravillas de nuestro cerebro no desapereció. De esa manera aprendí sobre el término “neuroplasticidad” o plasticidad del cerebro.

 

Contrariamente a lo que se pensaba antes, ahora sabemos que el cerebro puede crear nuevos caminos o conexiones entre las neuronas (neurogénesis).

 

Aunque yo perdí muchas neuronas en ese accidente, mi cerebro se regenero completamente con el tiempo. Casi ni un rastro del impacto que tuvo ese problema en mi puedes ver. ¡Es increíble!

 

¿Qué es la neuroplasticidad?

 

El Instutito Superior de Estudios Psicologicos (ISEP) la define como una propiedad del sistema nervioso que le permite adaptarse continuamente a las experiencias vitales.

 

“La experiencia modifica nuestro cerebro continuamente, fortaleciendo o debilitando las sinapsis que conectan las neuronas, por lo que estamos en continuo aprendizaje. Este hecho permite que independientemente del declive natural que conlleva la vejez, el aprendizaje se puede producir a cualquier edad, generando nuevas neuronas, razón por la cual nuestra inteligencia no es fija ni inmutable”

 

¿Has escuchado la frase de: “si no lo usas, lo pierdes”? Pues parece que es cierto, así que ¡a ejercitar tu agilidad mental!

 

Como ejemplo está mi mamá: ella empezó a aprender crochet cuando ya era abuelita. Sabía tejer un poco, pero le interesó aprender crochet y ahora hace unas verdaderas chuladas.

 

La otra vez me hizo una colcha super linda que uso cuando los niños no se sienten bien. Les digo que es la colcha mágica de abuelita, y eso los hace sentir mejor. ¡Hasta yo la uso cuando quiero descansar un poco!

 

Siempre podemos aprender y convertirnos en expertas en nuevos temas.

 

Estas son algunas cosas que puedes aprender para ejercitar tu agilidad mental:

  • Un nuevo idioma
  • Un instrumento musical
  • Manualidades
  • Un poema o canción
  • A no usar el Waze o Google Maps para llegar a algún lugar que ya conoces.
  • Juegos estratégicos como el ajedrez
  • Encurtidos fermentados -porque utilizas todos tus sentidos 😉

 

Otras prácticas que también ayudan son:

  • Dormir suficiente
  • Meditación o visualización
  • Ejercicio
  • Mantener el estrés bajo control
  • Arándanos, aguacate, omega 3, nueces, entre otros

 

Y recuerda: una cosa es la capacidad que tenemos de aprender, y la otra son las ganas que tengamos de aprender.

 

Espero que con esto que has leído te haya motivado a aprender algo nuevo el día de hoy, para que tu cerebro haga más conexiones entre neuronas y te mantenga alerta, saludable y feliz ¡hasta los 110 años!

 

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