Dave Asprey, uno de los iniciadores del biohacking, lo define así:

“El biohacking es el arte y la ciencia de cambiar el entorno a tu alrededor y dentro de ti, para que tengas más control sobre tu propia biología”. La idea es que hackeando nuestra biología, podemos optimizar el potencial que tiene nuestro cuerpo y así convertirnos en la “mejor versión de nosotros mismos”.

 

Asprey se considera el padre del biohacking, pero hay muchas personas más que hoy en día están experimentando con su biología.  Dave Asprey hace docenas de cosas en biohacking, hasta terapia con células madre. Pero en realidad para hackear nuestra biología no necesitamos ir a extremos.

 

En mi vida me he enfrentado en 2 ocasiones problemas de salud serios. Como soy muy curiosa y busco tener el control de mi salud, la primera pregunta que me hago es, ¿cuál es la alternativa a la medicina?.

 

No me refiero a rechazar la medicina, pero muchas veces la respuesta se encuentra a tu alcance. En ocasiones, si no es posible evitar el medicamento, al menos puedes ayudar a que los efectos secundarios sean menores o apoyar a tu cuerpo a sanar más rápido.

 

Yo tuve una enfermedad de la tiroides hace un par de años. Al principio me resistí al medicamento, pero después de hablar con varios doctores y leer sobre los peligros de las opciones que tenía, decidí aceptar que el medicamento era la mejor opción para mí en ese momento.

 

Seguí buscando opciones alternativas al medicamento. Encontré algunas, pero al final decidí aceptar el consejo de mis doctores, y empecé a tomarlo. Al principio estuve muy triste porque yo cuido mi alimentación y mi salud, y no entendía cómo pude enfermarme.

 

Cuando me di cuenta de que el estrés jugó un rol muy importante en esa enfermedad, decidí no darme por vencida y hacer lo que estuviera en mi poder para ayudar a mi cuerpo a sanar.

 

Hice muchos cambios en mi vida y, como Dave lo dice, intenté optimizar mi cuerpo con pequeñas acciones y poco a poco, para tratar de ser la mejor versión de mí misma.

 

Aquí te cuento lo que cambié, intensifiqué y también hasta lo que dejé de hacer:

  • Para empezar, comencé a meditar más seguido. De hecho, no soy la mejor meditando, así que la alternativa es que hago visualizaciones guiadas o meditaciones guiadas. Eso me ayuda mucho.

 

  • Ejercicio, spa y agua fría. Ir al spa es mi recompensa (cuando está abierto) después de hacer ejercicio. Es un momento para mí en donde no hay distracciones, solo estoy yo con mis pensamientos. La alternativa es caminar y después meterme al lago que está cerca de mi casa o darme un regaderazo con agua fría.

 

  • También hice un análisis de lo que comía, pues es tan importante como el medicamento. Lei qué era bueno y qué no, para este tipo de enfermedades. Dejé el gluten por un tiempo, y la verdad vi una gran diferencia en mi organismo.

 

  • Mi mentalidad cambió, me di permiso de escuchar a mi cuerpo y darle descanso cuando me lo pedía. Esto fue algo que nunca me permití desde que empecé a ser mamá. Pero ahora si por alguna razón no dormí bien, me di la oportunidad de tomar una siesta o simplemente descansar.

 

  • Gratitud: se habla tanto de este término que muchas veces no lo tomamos en serio. Siempre he sido agradecida con lo que tengo y con lo que he logrado. Pero la gratitud que más deberíamos practicar es aquella en la que nos preguntamos porqué estamos agradecidas por X ó Y cosa.

 

  • Cuando es de noche, intento atenuar las luces de la casa y también uso lentes que bloquean la luz azul. A mi teléfono le pongo en modo obscuro o modo nocturno, y muchas veces trato de dejar los aparatos electrónicos 2 horas antes de irme a dormir. No siempre es posible, porque me encanta la tecnología y aprender, y muchas veces los momentos que tengo para aprender son en la noche.

 

  • Empecé a usar un anillo inteligente, que es similar a un reloj inteligente, pero más pequeño. Analizo mis horas de sueño profundo, mi variabilidad del corazón, mi temperatura corporal cuando duermo. Al despertarme decido si hago actividades más o menos intensas dependiendo de cómo dormí durante la noche.

 

 

  • Escribo en un diario mis emociones, eso me ayuda a aprender de mis pensamientos y muchas veces encuentro soluciones a mis dilemas en esas páginas. Es como magia!

 

  • Y por último, trato de rodearme de gente que me hace sentir bien, de gente que me motiva a ser mejor, y de gente que me enseña a mantener mis pies en la tierra y a compartir.

 

El biohacking no tiene que ser caro o complicado para ayudarte a cambiar cómo te sientes. Empezar con hackeos básicos como tu dieta, meditación para bajar los niveles de estrés, o disminuir la exposición a la luz azul para dormir mejor, puedes comenzar a ver cambios cada día.

 

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